La Hoguera de las Vanidades

Periodismo . Arte . Vestuario

Licencia para mentir

Por Andrea Uribe Yepes

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Los Carnavales de Berlín sucedían entre un frío extremo y unas calles congeladas en 1932. Con un abrigo y botas de goma para poder caminar en esa ciudad aterida, Benedikta Zur Nieden salió para el baile del 4 de febrero, en la ausencia de su amiga Gerta quien había desistido de ir al evento en el último momento. Para no opacar sus ojos azules, esa noche se decidió por una estola roja sobre un vestido sencillo y unos aretes grandes de cobre. Con eso encima y un aire de aventura que ella misma reconocería después, vio a un hombre en smoking con una flor blanca de papel en el ojal y pensó, a manera de premonición: “es el único hombre con quien debo bailar”, y entonces bailó solamente con él, desde ese día hasta siempre.

Ese hombre era Diego Echavarría Misas, quien de la mano se la trajo en un barco para Colombia y quien le mostró que Medellín, mucho más caliente que la fría Alemania, también podía ser su casa, como para querer embellecerla y educarla. Fue él quien finalmente, el 8 de agosto de 1971 la dejó sin querer, sin pensarlo, para enfrentar 40 días de un secuestro que terminó en el abandono de su cuerpo sin vida en algún lugar de Santa Elena, en las afueras de la ciudad.

Los 40 días del secuestro, Benedikta Zur Nieden esperó a su esposo, negoció con los secuestradores muy al pesar de lo que le dijo Don Diego en el momento del secuestro “Ni un peso por mi, Dita”, y guardó silencio en el actual Museo El Castillo, que para ese momento era la residencia de la familia Echavarría Zur Nieden y que ahora es el lugar donde reposan todos sus tesoros. Obras de arte, mueblería de época, objetos personales y un aire entre la grandeza y el aislamiento.

Ese hecho, el secuestro de uno de los hombres más filántropos que ha tenido Medellín, del que muchos acusan al Mono Trejos, es el que Jorge Franco relata en su nueva novela El Mundo de Afuera. Premio Alfaguara de Novela 2014, el libro narra, junto con apartes de la vida y rutinas de la familia Echavarría Zur Nieden, el suplicio del secuestro con una mirada protagonista en los conflictos personales de secuestradores.

Después de recibir el premio con un discurso en el que agradece a los ojos de su hija, el idioma de su país y el amor por el oficio que ejerce, Jorge Franco presentó su libro en la ciudad de Medellín en el teatro de la Librería Panamericana. El espacio inicialmente propuesto por la editorial y por Franco era el Museo El Castillo, pero a último momento se cambió el lugar y empezó una especulación que se resolvió con un comunicado de prensa y una acusación de censura.

Que no juzgan la obra pero que no les parece correcta, que las personalidades y las conductas de los Echavarría Zur Nieden son muy ajenas a la realidad, que era impresentable en su espacio porque irrespetaba la memoria de sus fundadores hasta llegar a caricaturizarlos y que no y que no y que no, dijo la junta directiva del Castillo en un comunicado de prensa que terminaba con esta frase: “Finalmente, el Museo El Castillo ratifica una vez más su apertura a la libre expresión de todas las formas de cultura, lo cual no pugna con su legítimo derecho a preservar la memoria de sus fundadores”.

Benny Duque, quien compartió muchos años una amistad con Benedikta y ahora es la biógrafa oficial de la familia, entiende pero no lo acepta: “Lo que pasa es que desafortunadamente los escritores tienen ciertos derechos que se dan para apropiarse de un personaje, de cualquier tema y hacer una ficción”. Ella, que se siente un poco incómoda por aparecer en la página de agradecimientos del libro de Franco, pues le facilitó un archivo de prensa, piensa que la historia la podría tomar pero mejor hubiera cambiado los nombres, “son licencias literarias pero a mí no me parece, yo no estoy de acuerdo”.

Frente a la cancelación de su evento en El Castillo y el comunicado de prensa, Franco acusó y acusó por censura al contenido. En una entrevista con El Tiempo dijo que la decisión de El Castillo de impedir la presentación en ese lugar se debió a radicalismos morales de la junta directiva. “Lo que realmente les habrá molestado es haber bajado esos personajes del pedestal y dales connotaciones humanas. Esa es la labor fundamental de un novelista. Sobre todo con uno que trabaje con personajes que sí existieron”. También defendió el respeto con el que trató a los personajes y dijo que su oficio supone llegar a todas las facetas de un personaje, reales o ficticias. Y tiene un escudo protector.

La palabra novela funciona, en todos los casos sin ninguna excepción, como un muro de contención ante casi cualquier tipo de cargo. En la novela se miente. Tomás Eloy Martínez, quien pasó por una situación parecida a la de Franco con sus historias noveladas sobre los esposos Perón, en una entrevista con Juan Pablo Neyret lanzó unas palabras que más son un argumento para que un literato pueda apropiarse de la realidad sin ningún tipo de pugna: “Las novelas son tejidas sobre el bastidor de la historia de ciertos personajes históricos, pero no pretenden una reconstrucción prolija o fiel de los hechos”.

Y con este argumento históricamente irrefutable, son muchos los que aseguran que no se cometió ningún tipo de falta y que tampoco corresponde a El Castillo determinar si es o no fiel la versión de Franco. Reinaldo Spitaletta, a pesar de tener la realidad como materia prima en su trabajo, propone un ejemplo: “Una de las novelas colombianas más interesantes es Cóndores no entierran todos los días, de Gardeazábal. Aprendemos más del Cóndor Lozano en esa novela que lo que nos ha contado la historia ‘verdadera’. Así que no hay contradicción en novelar personajes históricos”.

Partiendo de lo evidente que es ficcionar la realidad dentro del plano literario, el escritor Pablo Montoya establece además que el caso de Jorge Franco no es algo novedoso. “En el caso de la literatura antioqueña, por ejemplo, comienza muy claramente con Tomás Carrasquilla, con Frutos de mi tierra, que la escribió para mostrarle al círculo de intelectuales al que pertenecía sobre realidades cotidianas y mostrar que de esa ciudad aburridora y provinciana que era Medellín sí se podía hacer una novela”.

Franco no escogió precisamente la Medellín “aburridora y provinciana”, sino que escogió como base para su libro la historia de una de las familias más emblemáticas e inmortales de la ciudad, es por eso que el escándalo ha sido tal, que se siente ofensa y que, como muchas otras ficciones de historias o lugares reales, no ha pasado desapercibida.

El Labial en Boca de Poderosas

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Andy Warhol nunca retrató a Marilyn Monroe. Las serigrafías que hizo luego de su muerte en 1962 están basadas en una publicidad de 1953 para la película Niágara. La fotografía era en blanco y negro, pero Warhol y las múltiples transformaciones de color en su obra sobre Marilyn, cambiaron su boca oscura, gris, por bocas de todos los colores. Moradas, verdes, amarillas y sólo algunas rojas.

La tez blanca de Marilyn estuvo siempre irrumpida por una boca rojo carmín, con esa boca y ese color hizo mover un escritor, un beisbolista y un guionista; además de una época entera que estuvo marcada por su estética. Como ella, son muchas las mujeres que han usado el labial y han potenciado su uso ya sea por su posición o por su carrera.

El labial fue protagonista en los rostros de algunas de las mujeres más poderosas de la historia. Fue en Mesopotamia donde aparecieron los primeros registros del uso de este cosmético que data de 5.000 años atrás. En este lugar, cuna del abecedario cuneiforme y de los primeros sistemas de leyes, se vio por primera vez cómo se adornaban los labios de una mujer.

Desde ese momento, son numerosos los nombres que ha recibido este cosmético –bilé, labial, pintalabios, colorete- y numerosos los rostros que lo han recibido con gracia. Pero entre ellos, unos nombres suenan más que otros, porque a parte de sus bocas, no siempre prominentes pero sí coloridas, también tienen en sus rostros erguidos, poderes enormes que jamás serán olvidados.

Grace Kelly (Tomada de LuckyMag)

Grace Kelly (Tomada de LuckyMag)

Luego de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, el cine fue uno de esos grandes escenarios para el uso de labial. Con actrices como Elizabeth Taylor, Grace Kelly, Jessica Tandy y Loretta Young se evidenció un fuerte acento en el maquillaje de la boca dentro y fuera de películas o escenarios.

Siglos antes, Cleopatra, a parte de muchos ornamentos que usaba, pintaba sus labios con escarabajos de carmín que tenían pigmento rojo profundo y usaba hormigas para la base. En el caso de Egipto antiguo no era algo exclusivo de la realeza, también se extraía tinte rojo de algún tipo de alga y se aplicaba en los labios para resaltar la voluptuosidad. A parte de esto, se dice que las mujeres eran enterradas con dos barritas de labial para poder cambiar el aspecto de sus labios siempre que quisieran.

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El Busto de Nefertiti por Tutmose

También estaba Nefertiti con su impecable simetría. Retratada en la escultura conocida como La Mona Lisa de Amarna, realizada por Tutmose, deja ver un poco de color en los labios de la reina-faraón, que de la mano de Akenatón, su esposo, revolucionó Egipto.

Pero no sólo en Egipto se usó esté cosmético en bocas que pronunciaron palabras con poder sino que cientos de mujeres más usarían este cosmético que Carlos Darío Caycedo y Carlos Mario López en su libro Características de personajes sociales y artísticos a través del maquillaje, caracterizarían el lápiz labial como símbolo de “autoconfianza, seguridad, vigor y optimismo”.

Siglos después de Nefertiti, Pompea Sabina, esposa del emperador del imperio romano, Nerón, siguió con la tradición de usar labial. Aunque no hay datos específicos de con qué lo hacía o de qué color teñía sus labios, se dice que la emperatriz tenía aproximadamente 100 esclavas que se ocupaban únicamente de la estética.

En Grecia también era frecuente el uso del color en los labios, pero sobretodo lo llevaban prostitutas durante los bacanales, fiestas en honor al dios Dionisio en las que el vino, la orgía y el colorido eran casi una ley.

El bilé, estuvo en bocas de mujeres que estuvieron al mando de imperios y también fueron protagonistas en estéticas de época. Una mujer que es ambas, poder y sello de una estética generacional, fue la reina Isabel I. En el siglo XVI era famosa por su cara pálida y sus labios pintados. Con cera de abejas y sulfato de mercurio rojo untaba su boca de un color oscuro que hacía contraste con los rostros emblanquecidos y sus vestidos emblemáticos.

María Antonieta de Austria por Élisabeth Vigée Le Brun en 1783

María Antonieta de Austria por Élisabeth Vigée Le Brun en 1783

Y si es de caras blancas y labios pintados, María Antonieta de Austria es un nombre obligatorio. Se puede ver en los retratos que le hacía Élisabeth Vigée Le Brun el color rosa en los labios que hacía juego con los tocados, las mejillas coloradas y los reconocidos vestidos confeccionados por Rose Bertín.

El mismo año en el que María Antonieta renunció al trono de Austria, el Parlamento británico aprobó una ley para que las mujeres que usaban labiales fueran juzgadas por brujería.

A pesar de eso el labial siguió su rumbo en boca de mujeres comunes y famosas. En el cine, en la publicidad, en el arte y también en la calle, donde hoy se ven rostros de todos los colores con labios de todos los colores.

Penas y Cadenas

  [En la ciudad del pecado el crimen no es casualidad]

Uno de los libros más importantes de Alfredo Molano es llevado ahora al teatro. Una mirada a la vida en las cárceles para muchos colombianos.

A Emmanuel, de día y de noche ¡para toda la vida!

Obra de teatro basada en el libro de Alfredo Molano.

Obra de teatro basada en el libro de Alfredo Molano.

Suena un pito y comienza la obra. Suena como suena el comienzo de un día en la cárcel y de la misma manera en que transcurren las rutinas del suplicio en las paredes espejo del país. En el Teatro Libre de Bogotá, a las 11 de la mañana, muy temprano para este tipo de encuentros, se presenta la obra de teatro Penas y Cadenas, adaptación del libro homónimo de Alfredo Molano, y todo parece demasiado oscuro.

Varias historias convergen y crean algo parecido a una sinfonía de la miseria. Hombres con manos manchadas, mujeres con crímenes heredados, otras que atenúan su voz ronca para llenar vacíos creados por el pasado. Pequeños en el lugar equivocado, y otros que completan los pocos espacios en blanco que hay en cualquiera de las cárceles del país, crean una obra de teatro que fue libro y realidad.

 La obra cuenta cinco historias de personajes que, dentro y fuera del penal, retratan lo que se vive estando a merced del sistema penitenciario colombiano. Al ritmo de hip hop, tango, corridos, ranchera y cabaret, se mira y se piensa lo que es carecer de derechos humanos en un recinto donde todos los han violado.

 La representación teatral de Penas y Cadenas, adaptación de César Morales Figueroa con estudiantes del Teatro Libre de Bogotá, muestra lo imperdible en el show de las cárceles colombianas por medio de voces que, a la mejor manera de Molano, asumen su tono real para retratar toda una historia nacional.

La realidad                                                                

En Holanda existe un serio problema carcelario: no hay presos y las cárceles desoladas lloran por inútiles. A pesar de que en los años 90 la cantidad de reos superaba la capacidad de las cárceles de ese país, el ministro de Justicia, Nebahat Albayrak, anunció que está por cerrar ocho cárceles porque desde que legalizaron la marihuana no hay a quien encerrar.

Tal vez, esa también sea una de las soluciones para las cárceles en Colombia, donde, a diferencia de Holanda, los presos no caben. Hace 10 años, las prisiones en el país albergaban unos 35 mil internos, para el 2012 esta cifra ascendió a 112.000 reos, la mayoría en condiciones deplorables y con el espacio vital reducido a la asfixia.

Sin embargo, no parece haber una solución inmediata. Según declaraciones del entonces director General del Inpec en 2013, Gustavo Adolfo Ricaurte, “Mientras en lo corrido de enero de 2013 ingresaron 2.740 personas, en el mismo periodo solamente salieron 700”. Y a los que entran, les vale tener un lugar donde sufrir.

Carcelero: ¿Usted es rolo o paisa?

Bombillo: ¿Cómo así?

C: ¿Rolo o paisa?

B: Paisa, y paisa de los de mazamorra.

C: Patio número tres, con su gente. ¿Celda o pasillo?

B: Pues celda.

C: Son novecientos mil…

 Es que cual billar o multinacional, la cárcel se rige bajo una lista de precios y una tabla de preferidos que, según calibre y quilates, pueden o no acceder a ciertas comodidades. Hay desde patios cinco estrellas hasta multas por no dormir en el calabozo. Una cuota por tener acceso a una cama y cobran hasta por un pedazo de suelo dentro de una celda.

20 mil la bandeja de comida –la bandeja–, 150 mil por recuperar un celular incautado, 20 mil pesitos por borrar una falta y se cobra hasta seis veces más de lo que vale un cuarto de aguardiente en la calle. Hay un peaje para poder salir del pabellón y se paga una mensualidad escuelera para evitar la requisa. ¿A cómo la lloradita? ¿A cómo el orgasmo de domingo? ¿A cómo el silencio? Pero mejor se paga porque en la cárcel lo que no se cobra con plata, se deduce a tiros.

 El Barne: En la cárcel se paga por todo, se le paga a los carros que son los mensajeros que a su vez le pagan a los caciques.

La Modelo: Que a su vez le pagan a la guardia, que su vez le paga a la dirección.

La Picota: Que a su vez le paga el Inpec, que a su vez le paga al Ministerio de Justicia.

El Barne: La cárcel es una gran plaza de merado.

 La denuncia

 Penas y Cadenas es un chivatazo sin pliego de peticiones. Es un recorrido de acusaciones implícitas para el Gobierno que no se sabe si se ha hecho el bobo o se le ha ido de largo el problema que tiene tras las rejas.

Porque no solo es que se maneje la cárcel como una plaza de mercado o que la fuerza la siga teniendo el más rico, el más malo, el más temido; es que los penales no están cumpliendo su labor “civilizadora y educativa” que tanto pregonan algunos; están, más bien, convertidos en huecos hondos de desigualdad, maltrato e injusticia.

La Picota: Esto jamás va a ser un lugar de rehabilitación.

La Modelo: Las cárceles, más que un lugar de rehabilitación, son un lugar de investigación, aquí se investiga la frontera entre la normalidad y la locura.

 Isidro: ¡Compañeros! Es imposible que desde la cárcel se pueda cambiar la sociedad, pero aunque difícil, el poder político puede imponer la vigencia de los derechos humanos, como una manera de rehabilitar al penado, que es plenamente consciente de que su delito fue precisamente la violación de esos derechos. Estado que se respete, no puede adoptar la violación de los derechos humanos dentro de su sistema porque eso es condenar doblemente al preso y legalizar la Ley del Talión que, como ustedes saben, sólo termina cuando todos quedemos ciegos.

 El reflejo

Alfredo Molano lo dice mejor que cualquiera: la cárcel, más que un panóptico, es un reflejo de lo que hay afuera.

Es que esa gente tan jodida es el reflejo exacto de lo que es esta sociedad, es un espejo. Es una realidad chiquita que contiene todas los elementos que en la grande existen. Es el país metido entre cuatro paredes, eso es lo que yo quiero mostrar, un país es tan asqueroso como una cárcel.

Por eso es que Penas y Cadenas no es sólo una denuncia sino que es una interpretación del país. No es que las cárceles sean un infierno en medio de un océano de bondades como dicen en este país”, es que de todo lo que arde es el lugar más inflamable.

 Nota del autor: los diálogos que se encuentran dentro del texto son extractos del libreto de la obra Penas y Cadenas, adaptación de Cesar Morales Figueroa.

Este texto fue publicado en la edición 66 del periódico De La Urbe

Por Fernanda Maya

Por Fernanda Maya

 

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