Penas y Cadenas

  [En la ciudad del pecado el crimen no es casualidad]

Uno de los libros más importantes de Alfredo Molano es llevado ahora al teatro. Una mirada a la vida en las cárceles para muchos colombianos.

A Emmanuel, de día y de noche ¡para toda la vida!

Obra de teatro basada en el libro de Alfredo Molano.

Obra de teatro basada en el libro de Alfredo Molano.

Suena un pito y comienza la obra. Suena como suena el comienzo de un día en la cárcel y de la misma manera en que transcurren las rutinas del suplicio en las paredes espejo del país. En el Teatro Libre de Bogotá, a las 11 de la mañana, muy temprano para este tipo de encuentros, se presenta la obra de teatro Penas y Cadenas, adaptación del libro homónimo de Alfredo Molano, y todo parece demasiado oscuro.

Varias historias convergen y crean algo parecido a una sinfonía de la miseria. Hombres con manos manchadas, mujeres con crímenes heredados, otras que atenúan su voz ronca para llenar vacíos creados por el pasado. Pequeños en el lugar equivocado, y otros que completan los pocos espacios en blanco que hay en cualquiera de las cárceles del país, crean una obra de teatro que fue libro y realidad.

 La obra cuenta cinco historias de personajes que, dentro y fuera del penal, retratan lo que se vive estando a merced del sistema penitenciario colombiano. Al ritmo de hip hop, tango, corridos, ranchera y cabaret, se mira y se piensa lo que es carecer de derechos humanos en un recinto donde todos los han violado.

 La representación teatral de Penas y Cadenas, adaptación de César Morales Figueroa con estudiantes del Teatro Libre de Bogotá, muestra lo imperdible en el show de las cárceles colombianas por medio de voces que, a la mejor manera de Molano, asumen su tono real para retratar toda una historia nacional.

La realidad                                                                

En Holanda existe un serio problema carcelario: no hay presos y las cárceles desoladas lloran por inútiles. A pesar de que en los años 90 la cantidad de reos superaba la capacidad de las cárceles de ese país, el ministro de Justicia, Nebahat Albayrak, anunció que está por cerrar ocho cárceles porque desde que legalizaron la marihuana no hay a quien encerrar.

Tal vez, esa también sea una de las soluciones para las cárceles en Colombia, donde, a diferencia de Holanda, los presos no caben. Hace 10 años, las prisiones en el país albergaban unos 35 mil internos, para el 2012 esta cifra ascendió a 112.000 reos, la mayoría en condiciones deplorables y con el espacio vital reducido a la asfixia.

Sin embargo, no parece haber una solución inmediata. Según declaraciones del entonces director General del Inpec en 2013, Gustavo Adolfo Ricaurte, “Mientras en lo corrido de enero de 2013 ingresaron 2.740 personas, en el mismo periodo solamente salieron 700”. Y a los que entran, les vale tener un lugar donde sufrir.

Carcelero: ¿Usted es rolo o paisa?

Bombillo: ¿Cómo así?

C: ¿Rolo o paisa?

B: Paisa, y paisa de los de mazamorra.

C: Patio número tres, con su gente. ¿Celda o pasillo?

B: Pues celda.

C: Son novecientos mil…

 Es que cual billar o multinacional, la cárcel se rige bajo una lista de precios y una tabla de preferidos que, según calibre y quilates, pueden o no acceder a ciertas comodidades. Hay desde patios cinco estrellas hasta multas por no dormir en el calabozo. Una cuota por tener acceso a una cama y cobran hasta por un pedazo de suelo dentro de una celda.

20 mil la bandeja de comida –la bandeja–, 150 mil por recuperar un celular incautado, 20 mil pesitos por borrar una falta y se cobra hasta seis veces más de lo que vale un cuarto de aguardiente en la calle. Hay un peaje para poder salir del pabellón y se paga una mensualidad escuelera para evitar la requisa. ¿A cómo la lloradita? ¿A cómo el orgasmo de domingo? ¿A cómo el silencio? Pero mejor se paga porque en la cárcel lo que no se cobra con plata, se deduce a tiros.

 El Barne: En la cárcel se paga por todo, se le paga a los carros que son los mensajeros que a su vez le pagan a los caciques.

La Modelo: Que a su vez le pagan a la guardia, que su vez le paga a la dirección.

La Picota: Que a su vez le paga el Inpec, que a su vez le paga al Ministerio de Justicia.

El Barne: La cárcel es una gran plaza de merado.

 La denuncia

 Penas y Cadenas es un chivatazo sin pliego de peticiones. Es un recorrido de acusaciones implícitas para el Gobierno que no se sabe si se ha hecho el bobo o se le ha ido de largo el problema que tiene tras las rejas.

Porque no solo es que se maneje la cárcel como una plaza de mercado o que la fuerza la siga teniendo el más rico, el más malo, el más temido; es que los penales no están cumpliendo su labor “civilizadora y educativa” que tanto pregonan algunos; están, más bien, convertidos en huecos hondos de desigualdad, maltrato e injusticia.

La Picota: Esto jamás va a ser un lugar de rehabilitación.

La Modelo: Las cárceles, más que un lugar de rehabilitación, son un lugar de investigación, aquí se investiga la frontera entre la normalidad y la locura.

 Isidro: ¡Compañeros! Es imposible que desde la cárcel se pueda cambiar la sociedad, pero aunque difícil, el poder político puede imponer la vigencia de los derechos humanos, como una manera de rehabilitar al penado, que es plenamente consciente de que su delito fue precisamente la violación de esos derechos. Estado que se respete, no puede adoptar la violación de los derechos humanos dentro de su sistema porque eso es condenar doblemente al preso y legalizar la Ley del Talión que, como ustedes saben, sólo termina cuando todos quedemos ciegos.

 El reflejo

Alfredo Molano lo dice mejor que cualquiera: la cárcel, más que un panóptico, es un reflejo de lo que hay afuera.

Es que esa gente tan jodida es el reflejo exacto de lo que es esta sociedad, es un espejo. Es una realidad chiquita que contiene todas los elementos que en la grande existen. Es el país metido entre cuatro paredes, eso es lo que yo quiero mostrar, un país es tan asqueroso como una cárcel.

Por eso es que Penas y Cadenas no es sólo una denuncia sino que es una interpretación del país. No es que las cárceles sean un infierno en medio de un océano de bondades como dicen en este país”, es que de todo lo que arde es el lugar más inflamable.

 Nota del autor: los diálogos que se encuentran dentro del texto son extractos del libreto de la obra Penas y Cadenas, adaptación de Cesar Morales Figueroa.

Este texto fue publicado en la edición 66 del periódico De La Urbe

Por Fernanda Maya

Por Fernanda Maya